12 buenas razones para alabar

Louange sur le podium de Paray-le-Monial © Communauté de l'Emmanuel 2013

12 buenas razones para alabar

  1. La alabanza es expresión de gozo, de confianza y de amor de Dios, dilata el corazón y el alma
  2. La alabanza es una a oración por la cual nos maravillamos de las cualidades de Dios y las cantamos. Es una de las más bellas expresiones de amor de la criatura hacia su Creador.
  3. La alabanza es una consecuencia del primer mandamiento: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma y todas tus fuerzas” (Lc 10,27). Conocer a Dios, es amarlo y amarlo es alabarlo. San Pablo dice también que es un mandamiento: “Estad siempre alegres, orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5, 16).
  4. Una alabanza ininterrumpida resuena entre el Padre, el Hijo y el Espíritu: eso hará las delicias de nuestra eternidad. Nuestra alabanza de aquí en la tierra es también la expresión de nuestra vocación. Como dice San Agustín: “Nuestra felicidad en la eternidad, será la alabanza a Dios, nadie podrá hacer suyo ese futuro si no se ejercita desde ahora; es desde ahora que debemos alabar a Dios”[1]
  5. La alabanza es el reflejo del Espiritu de Dios. Es él quien inspiró tanto los salmos, maravillosas alabanzas. Como el Magníficat de María, que sostiene la exultación de Jesús (Lc 10,21) y suscita la acción de gracias de los apóstoles el día de Pentecostés. Si la alabanza aparece con tanta fuerza en la Renovación Carismática, es porque ella es la obra del Espíritu que quiere crear “un pueblo de alabanza” a la gloria del Padre.
  6. La alabanza nos permite expresar mejor lo que contiene el corazón, bajo la acción del Espíritu. Nosotros también podemos expresar por gestos, levantando las manos, darle gracias por su acción concreta en nuestras vidas. Alabarlo con toda nuestra vida.
  7. La alabanza permite una oración espontánea: ese murmuro que se extiende en la asamblea, cada uno bendiciendo al Señor a media voz. Inicialmente sorprendidos de ver “que todos hablan a la vez”, rápidamente nos sentimos conmovidos por la amplitud, el poder y la unidad que surge de esta alabanza colectiva.
  8. El primer fruto de la alabanza es la de hacer crecer la caridad fraterna. La alabanza expresa a la vez el amor hacia Dios y fortalece los lazos fraternos. Establece la comunión entre las personas.
  9. La alabanza es también el origen de la práctica de muchos carismas porque suscita la presencia del Espíritu Santo. La alabanza atrae a Dios porque ella es testimonio de apertura de corazón, de amor y disponibilidad.
  10.  La alabanza también evangeliza. En la mañana de Pentecostés, fue ella quien suscitó el interés de la muchedumbre reunida alrededor del Cenáculo. “Todos oían en su lengua nativa cantar las maravillas de Dios” (Hch 2) Muchos son los grupos de oración que han hecho esta experiencia: la alabanza abre el corazón y atrae.
  11. A través de la alabanza Dios sana y libera: “Yo le curaré, le guiaré y le daré ánimos, y a los que con él lloraban, poniendo alabanza en los labios “(Is 57, 18).
  12. En su prisión, a media noche, la acción de gracias de Pablo y Silas (Hch 16, 25-28) los libera y aporta la liberación a aquellos que los oyen: las cadenas de todos los prisioneros cayeron. La alabanza permite a Dios tales sanaciones incluso en aquellos que se contentan con escuchar

Fuente: Dominique de Chantérac, articulo n°191 d’Ilestvivant!

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