Nuestro carisma

Louange © Communauté de l'Emmanuel 2013

La efusión del espíritu

El 13 de febrero de 1972, Pierre Goursat y Martine Laffitte hacen la experiencia de la efusión del Espiritu Santo. Reciben un llamado a avanzar y trabajar juntos para la renovación de la Iglesia, en una profunda relación fraterna. Esta experiencia de la Efusión del Espíritu es fundadora para la comunidad de Emmanuel. Nace en ellos el deseo a la santidad que los miembros del Emmanuel quieren realizar apoyándose los unos a los otros por la vía de la santificación y el anuncio del Reino de Dios, en el Espíritu de Pentecostés.

Adoración, compasión y evangelización

« La gracia profunda de la Comunidad viene de la Adoración Eucarística de Dios realmente presente en medio de nosotros: “EMMANUEL”. De esta adoración nace la compasión por todos los hombres que mueren de hambre, materialmente y espiritualmente. De esta compasión nace la sed de evangelizar en el mundo entero y particularmente a los más pobres.

Los miembros de la Comunidad están llamados a ser testigos de la Misericordia que brota del Corazón traspasado de Cristo, según el mensaje de Paray-le-Monial: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres”

Enraizados en la Iglesia católica

«El abandono al Espíritu Santo, la Palabra de Dios, la intercesión de María Madre de Dios, los sacramentos y la liturgia, enraízan la vida comunitaria y apostólica en la vida misma de la Iglesia». 2

Enviados al corazón del mundo

Siguiendo los pasos del Emmanuel « Dios con nosotros », los miembros de la Comunidad viven ahí donde Dios los puso, en su marco familiar, profesional y social. Se comprometen plenamente en la sociedad sirviéndola poniendo a su servicio sus medios y cualidades. Así situados en el corazón del mundo, desean vivir como testigos auténticos de Cristo, en el mundo, sin ser “del mundo” (Jn 17, 14).

La comunión fraterna

La presencia de todos los estados de vida es constitutiva del llamado a la Comunidad de Emmanuel. Es esencial para la evangelización y la santificación. Es un don de Dios para responder juntos al llamado de la Iglesia, a la escucha del Espiritu Santo, en la adoración, el amor fraterno y la alabanza

1. Preámbulo de los Estatutos de la Comunidad
2. Ibíd.

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