¿Qué es la conversión?

Conversion © Communauté de l'Emmanuel 2013

El papa Francisco, al recibir a las delegaciones de otras Iglesias y confesiones cristianas, llegados por la inauguración de su pontificado, habló de su predecesor Benedicto XVI y del año de la fe diciendo:
« Ha querido conmemorar el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo una especie de peregrinación hacia lo que es esencial para un cristiano: La relación y la conversión en Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación. » Lo esencial para el cristiano es la relación personal y la conversión en Jesucristo ».

¿En este caso, qué significa la palabra conversión?

Es la misma palabra que Jesús utilizo al inicio de su ministerio, proclamaba: “Conviértanse, porque el reino de los cielos ha llegado» (Mt 4, 17). En griego, lengua en la cual se escribieron los evangelios, la palabra conversión: metanoia, quiere decir reversión. Una conversión es un cambio de vida.

El evangelio nos muestra Zaqueo nos muestra varias “reversiones” Zaqueo al convertirse devuelve todo lo que había robado; Mateo deja la mesa con el dinero de los impuestos y sigue a Jesús; María Magdalena viene a pedir perdón por sus pecados llorando a los pies de Jesús, Pedro llora amargamente después de traicionar a su maestro.

Todas estas conversiones se explican por el encuentro de Zaqueo, Mateo, Maria Magdalena, Pedro, con Cristo. Ese encuentro es tan impactante que ya no es posible vivir como antes.

Desde hace 2000 años, hombres y mujeres continúan encontrando a Cristo y han vivido profundas conversiones. A Francisco de Asís le marcó tanto el encuentro con Cristo que dedicó toda su vida a seguirlo y se dice de él que nadie en la tierra se parece tanto a Cristo.

Hoy todavía Cristo, llama a la conversión

Está vivo, se manifiesta, propone cambiar nuestra vida, convertirnos para seguirlo, para amarlo. Porque la conversión por excelencia es dejarse transformar por el amor con el fin de ser capaces de amar como Cristo. ¡Eso no ocurre de una sola vez! La conversión es un proceso lento, continuo, que poco a poco cambia nuestro corazón, si lo deseamos. En este proceso, no estamos solos: Dios nos da su gracia a quienes quieren seguirlo… ¡Y también da su alegría! Porque la conversión no es aburrida: ¡nos conduce a la verdadera alegría!

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