Skip to content. Skip to navigation
 
  Recherche sur le site  
 
 
¿Quienes somos?
. Nacimiento y Desarrollo
. Una llamada común
. Una comunidad misionera
. En la Iglesia Católica
Al servicio de todos
. Jóvenes
. 25-35 años
. Solteros
. Matrimonios y familias
. Niños
. Sacerdotes y seminaristas
. Vida Consagrada
. Canto, música y liturgia
. Trabajo y vida social
. Artistas
. Jubilados
. Enfermos
. Vivir la compasión
. Desarrollo y cooperación
Lugares de presencia
. Sesiones y retiros
. Parroquias
. Santuarios
. Casas y centros de acogida
. Casas del Emmanuel
Formación
. Veladas y fines de semana de formación
. Coloquios
. Escuelas de formación y evangelización
. Instrumentos de formación
. IUPG-Instituto Universitario Pierre Goursat
Rezar
. ¿Como orar?
. Intenciones de oración
. Alabanza
. Escuelas de adoración
. Intenciones de Misas
. Maria, nuestra madre
Editions de l'Emmanuel
Revue Il est vivant
La Bibliothèque numérique
 
  Inicio > Rezar > Alabanza
Alabanza
Send this page to somebody Print this page
La alabanza ocupa el lugar central en la vida de un grupo de oración. Expresión de la alegría, la confianza y el amor de Dios. La alabanza nos abre el corazón. ¿Cuál es el secreto de la alabanza?
 


El Secreto de la alabanza


La alabanza es una oración, por la cual nos maravillamos de las cualidades de Dios y las cantamos. Es una de las más bellas expresiones de amor de la criatura hacia su creador.

Una necesidad personal


Decimos de algunas personas, que son dignas de admiración. Con más razón Dios, conocerlo es amarlo. Amarlo es alabarlo. Las escrituras nos piden muchas veces alabarlo, podemos incluso decir que se trata de un mandamiento. ¿Como comprender de otra manera las palabras de san Pablo?: “Estad, siempre alegres, orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1Ts 5,16). Esta necesidad de alabanza es una consecuencia del primer mandamiento: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Lc 10, 27)

Pero también es la expresión de nuestra vocación. Entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, resuena un concierto sin interrupción de alabanza, será nuestro gozo durante la eternidad. Entonces ¿Por qué no aprender a alabar desde ahora? “Nuestra felicidad durante toda la eternidad será  alabar a Dios, nadie podrá alabarlo si antes no se ha entrenado a ello. Esta es la razón por la cual desde hoy debemos alabar a Dios” (San Agustín, Comentario al salmo 148).

El Espíritu Santo


El Espíritu de Dios es un Espíritu de alabanza, él es quien inspiró estas maravillosas alabanzas que son los salmos. Inspiro el Magnificat a Maria, sostuvo la exultación de Jesús  (Lc 10, 21) y suscito la acción de gracia de los apóstoles el día de Pentecostés. No hay que sorprenderse si la alabanza aparece con tanta fuerza en la renovación: es obra del Espíritu Santo quien quiere crear un “pueblo de alabanza” para Gloria de Dios Padre.

¿Como dar gracias?


El canto permite, expresar mejor lo que contiene el corazón, y al mismo tiempo, bajo la acción del Espíritu Santo, nos hace entrar más profundamente en la alabanza. Es por eso que tiene un papel importante en un grupo de oración: es el medio privilegiado escogido por Dios para educarnos alabar.
¿Por qué no expresar nuestra alabanza con gestos?: “Levantad a él las manos y bendecid al Señor”

La oración espontánea


Se trata de un murmuro que se extiende en toda la asamblea, cada uno bendiciendo al Señor en voz bajita, con una gran libertad. Primero sorprende ver a todo el “mundo hablar al mismo tiempo”, poco a poco esta unión, este poder, esta amplitud que es  fruto de la oración colectiva nos llega a lo más profundo del corazón.

Los frutos


Hace crecer la caridad fraterna. La alabanza, expresa nuestro amor hacia Dios, y también estrecha los lazos fraternos. Establece la comunión en una misma admiración.

La alabanza, es la mejor preparación posible para el ejercicio de los carismas,  suscita la presencia del Espíritu Santo. La alabanza atrae a Dios, es un testimonio de apertura del corazón, de amor, de disponibilidad.

La alabanza evangeliza. En la mañana de Pentecostés, fue la alabanza quien suscito el interés de la muchedumbre reunida alrededor del Cenáculo. “Todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.” (Hch 2, 11). Numerosos son los grupos que han hecho esta experiencia: la alabanza llega al corazón y atrae a la gente.

La alabanza sana y libera: “Yo le curaré, le guiaré y le daré ánimos a él y a los que con él lloran  poniendo alabanza en los labios.” (Is 57, 18). Hay una misteriosa unión entre alabanza y sanacion. Pensemos a la acción de gracias de Pablo y Silas, a media noche, en su prisión (Hch 16, 25-28): todas las cadenas de los prisioneros cayeron. Su alabanza los liberó pero también liberó a todos aquellos que  la oyeron. En la oración común, la alabanza permite a Dios tales sanaciones…incluso hacia aquellos que solo se contentan con oír.

Una gracia


La alabanza, es una preciosa gracia que Dios nos da. A través su ejercicio en los grupos de oración, esta gracia va a  profundizarse cada vez mas en nuestra vida personal y cotidiana. Así preparamos aquí en la tierra y el la fe, la alabanza de la eternidad, fruto de la promesa de nuestra divinización, para  alabanza de su Gloria.

 
   
Webmaster Communauté de l'Emmanuel - 18 Bd du général Koenig - 92521 Neuilly Cedex - France - Tél : +33 (0)1 47 45 96 30 Legal questions