Consagrar su vida a Maria, es un medio privilegiado para encontrar a Jesucristo y amarlo tiernamente. Es un don total de si mismo, para la vida y la eternidad.
Todos los santos tuvieron una gran devoción a la Virgen. Pienso al padre Kolbe, pero también a la beata Maria de Jesús Crucificado, nació en Tierra Santa, perdió a sus padres siendo niña, ellos la habían consagrado a Maria, fue acogida en una familia musulmana. Cuando rechazo al marido que le proponían, la golpearon y la echaron a la calle. Entonces como en sueños vio a una Señora, venir a curarla. “¡Estoy siempre contigo!” le dijo.
Pienso a mi catequista quien, ya muy mayor, recorría todas las calles del pueblo, con su rosario en las manos. Todos los niños iban hacia él, tanto era el amor que transmitía.
Me impresionó ver a Juan-Pablo II, cuyo lema era “Totus tuus”, rezar el rosario silenciosamente, en la ceremonia de acogida en la catedral de Yaundé. Oraba….
“Soy la sierva del Señor hágase en mi según tu palabra”. Eh aquí el lema de Maria. Ella nos conduce a Dios, invitándonos a la penitencia, a orar para los pecadores, a convertirnos para que el reino de Dios, que es el del Amor, pueda extenderse en el mundo. Consagrándonos a ella, entramos en el Si de Maria. Ahí esta la verdadera libertad…
El Espíritu de esta consagración es volver un alma dependiente del amor a la Santísima Virgen, y a través de ella al mismo Jesús. Consagrarse a Maria “Totus tuus”.
Consagrarse a Maria, solo tiene sentido y ella nos lleva hacia Cristo y nos ayuda a vivir nuestra vocación en el mundo.
Consagración a Maria Te escojo hoy, oh Maria en presencia de toda la corte celestial por Madre y Reina mía.
te entrego y consagro con toda sumisión y amor, mi cuerpo y mi alma mis bienes interiores y exteriores y hasta el valor de mis buenas acciones presentes, pasadas y futuras.
Dejándote entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo cuanto me pertenece sin excepción, según tu agrado para mayor gloria de Dios en el tiempo y la eternidad.
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